Las infraestructuras mundiales como clase de activo podría estar infrarrepresentada en las carteras, pero creemos que debería estar en el radar de todo inversor. Los grandes cambios estructurales, como la transición a las energías renovables, la diversificación de la cadena de suministro y la relocalización, están llevando a las empresas y los países a invertir enormemente en mejorar sus capacidades de infraestructuras.
La transición a las energías renovables ofrece oportunidades de crecimiento tanto en los mercados desarrollados como en los emergentes. Las energías renovables están cambiando nuestra forma de producir energía. Estamos pasando de un sistema de grandes centrales eléctricas conectadas a la red a otro con parques eólicos y solares más descentralizados que deben conectarse a las empresas, los hogares y la red. Todo esto somete a la red a una gran presión. Al mismo tiempo, ha habido un gran aumento en la demanda de electricidad por parte de los vehículos eléctricos y las empresas se ven presionadas a actualizar sus infraestructuras para reducir las emisiones de carbono. El resultado es un sector que antes se consideraba aburrido y estancado, pero que ahora ofrece innovación y atractivas oportunidades de crecimiento.
Nuestra preferencia por las empresas estables y predecibles
Buscamos valores que revelen un buen comportamiento, con independencia de la percepción del entorno macroeconómico, dada la dificultad de predecir la trayectoria y el calendario de las variaciones de los tipos de interés. Buscamos motivos fundamentales, estructurales y a largo plazo para invertir, y además necesitamos confiar en que la dirección puede cumplir el plan de negocio.
Las características clave que buscamos en las empresas son la estabilidad y la previsibilidad. Preferimos invertir en empresas que dispongan de una combinación de activos ya existentes y a las que se les presenten nuevas oportunidades de crecimiento; las empresas con una alta rentabilidad, pero balances muy apalancados no nos interesan. Dado que estas compañías suelen operar en sectores regulados, necesitamos que lleven a cabo su actividad en regiones con una normativa racional y estable. Las rentabilidades muy elevadas suelen llamar la atención de las autoridades reguladoras, ya que las empresas que los generan pueden tener un monopolio, por lo que tendemos a buscar compañías con rentabilidades razonables y duraderas. También nos parece importante comprender las cuestiones de sostenibilidad, gobierno corporativo y seguridad de los trabajadores.
Por ejemplo, una de nuestras mayores participaciones es Iberdrola, en España. La empresa tiene negocios consolidados en redes, producción de energía y energías renovables en todo el mundo, aunque también cuenta con una importante cartera de nuevos proyectos que pondrá en marcha en los próximos años. Esto se encuentran, en gran medida, en el ámbito de las energías renovables y las redes. Teniendo en cuenta el negocio actual y la cartera de proyectos de Iberdrola, esperamos que la empresa crezca de forma constante a largo plazo.
En cuanto a los riesgos, somos conscientes de los activos varados resultantes de la transición energética. Por eso somos prudentes con las empresas que producen activos poco respetuosos con el medio ambiente, como las arenas bituminosas canadienses. Aunque los modelos reguladores garantizan una rentabilidad independientemente del volumen de petróleo procedente de estas fuentes, existe incertidumbre en torno al valor final de los activos. También mantenemos la prudencia respecto a las infraestructuras de gas. El gas puede ayudar en la transición a las energías renovables. Además, consideramos que es la opción de reserva más eficaz cuando no brilla el sol ni sopla el viento. Sin embargo, la tecnología de las baterías está mejorando y las empresas están adaptando sus redes para transportar hidrógeno en lugar de gas natural, lo que plantea dudas sobre la durabilidad de los activos del gas.
Público y privado: exposición a los mismos activos, pero diferentes perfiles de inversión
Para la mayoría de los inversores, poseer y gestionar activos de infraestructura es difícil y requiere una importante arquitectura interna. De ahí que la exposición de los inversores institucionales y minoristas se produzca predominantemente por medio de fondos públicos o cotizados, y privados. Estos fondos invierten en los mismos activos subyacentes, pero las vías de acceso ofrecen perfiles de inversión y comisiones muy diferentes.
Los fondos privados pueden retener a los inversores durante largos periodos y cobrar una comisión básica del 2% de un modelo de capital inversión, más el 20% de la rentabilidad superior a un índice de referencia. Suelen tener una combinación de activos concentrada, lo que significa que pueden ser más selectivos en cuanto a los activos que compran, pero esto puede crear un riesgo adicional si, por ejemplo, cambia el entorno normativo o el activo real. Para generar una alta rentabilidad del capital, los fondos privados tienden a incluir mucha deuda en el fondo y a centrarse en activos muy maduros, que exhiben los flujos de caja más elevados. Dado que los fondos privados utilizan modelos de valoración internos en lugar de la valoración a precios de mercado, las rentabilidades son menos transparentes, aunque también pueden resultar menos volátiles que los fondos públicos, que se mueven más en función de los mercados de renta variable.
Las infraestructuras públicas están formadas por empresas que cotizan en bolsa y se dedican a infraestructuras esenciales. Aunque estas empresas varían según su tipo, tienen algo en común: contratos a largo plazo y marcos normativos estables a largo plazo. En muchos casos, también disponen de indexación automática a la inflación. El universo de inversión está formado por una amplia gama de empresas: las empresas de servicios públicos, como las de suministro de agua, representan alrededor del 50% del índice FTSE Global Core Infrastructure 50/50; las industriales, relacionadas sobre todo con el transporte, como carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y puertos, suponen cerca del 20%; las infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones constituyen el resto.
Una combinación de público y privado
Los fondos de infraestructuras públicas invierten en empresas cotizadas, y son más líquidos y transparentes, pero también más volátiles a corto plazo. En términos de rentabilidad, nuestro análisis ha demostrado que las rentabilidades después de comisiones son similares a largo plazo para los índices públicos y los privados. La ventaja de las infraestructuras públicas radica en que ofrecen una mayor diversificación de activos y una capitalización de mercado de 3 billones de USD para invertir en empresas de todo el mundo. La estructura de comisiones se revela más parecida a la de un fondo de renta variable pública, mucho más barata y sin bloqueos. Otra característica interesante de las empresas públicas es que a menudo han cotizado con descuento respecto a lo que se paga en el sector privado. El motivo está en que los fondos privados pueden tener mucho capital disponible para invertir y están deseosos de comprar grandes activos, lo que crea mucha competencia en la puja por los activos. Hemos visto un arbitraje de valor entre el sector público y el privado debido a que las empresas públicas brindan un acceso más barato a los mismos activos.
Teniendo en cuenta estas diferencias sustanciales, los inversores deben reflexionar con detenimiento sobre la forma en que obtienen exposición, y puede que deseen mantener una combinación de fondos de infraestructuras públicos y privados. La infraestructura mundial es una oportunidad enorme y a largo plazo que, en nuestra opinión, debería estar en el radar de todo inversor.